jueves, 2 de diciembre de 2010

Ada

Llegaron las visitas!! y con ellas todos los regalos de nuestros padres que, además de traernos un montón de cosas que necesitábamos, nos han recordado a qué sabe el jamón del bueno…

Después de un primer reconocimiento por Accra y de presentarles en sociedad en la fiesta de despedida de una chica de la embajada, el domingo tocó madrugón y carretera hasta la desembocadura del Volta.

El Volta es un rio enorme que se encuentra con el mar en un amplio estuario que rebosa belleza y vida. Alquilamos un botecillo que nos llevo a dar una vuelta por islitas paradisiacas hasta llegar a una de ellas en la que había un poblado de fabricantes de ron de caña. Más que cómo hacían el ron, llamó nuestra atención cómo vive esa gente, absolutamente aislados (nunca mejor dicho) y autosuficientes. A la hora de comer la canoa nos llevó a un resort de bungalows de paredes de hojas de palmera que estaba en una playa muy curiosa que por un lado da al rio y por el otro al mar. La comida fue deliciosa. Unos atunes recién pescados y puestos a la parrilla hicieron honor al entorno.

Por la tarde nos dimos una vuelta por el pueblecito de pescadores que es Ada y que llega hasta la playa de las dos vertientes. Está construido entero con hojas de palmera, barro y paja y como mucho redes de pescar para sujetar los tejados.

A la noche Montse y yo nos volvimos a Accra y dejamos a los invitados disfrutando del resort.

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